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paloma de picassoTransitar el mes de Mayo supone renovar el compromiso histórico hacia nuestra Patria. En 1810 se vivían momentos decisivos, complejos, difíciles y cargados de fervor y convicción en las creencias disímiles y contrapuestas de una realidad social y política en crisis. Se encontraba abierta ya la grieta de quiebre ideológico entre la corriente colonizadora aferrada a antiguos paradigmas del viejo continente y la vitalidad del pensamiento criollo creciente en su ansia de Libertad. Se unieron voluntades más allá de las diferencias personales y de origen para dar paso al Nacimiento de una Nueva Nación. Nuestra Patria. La República Argentina. Y el orgullo de la nacionalidad que se desarrolló a partir de estos sucesos dio sus primeros pasos de la mano de próceres como Mariano Moreno o Juan José Paso entre otros. Todos destacados por su idealismo accionario. Algunos de ellos hombres de letras, otros de la religión o de las armas, todo un pueblo unido gestando el nacimiento de esta Patria. Así nacieron los símbolos que nos representan: Escudo, Himno, Escarapela y Bandera. Celeste y blanco del cielo en las franjas que sustentaban el sol naciente de la Nación.
A 203 años de este hecho inigualable cabe una reflexión sobre ese pasado para poder trabajar en la realidad de un presente muy difícil y así proyectarnos al futuro. No existe un porvenir sin reconocimiento de las raíces de nuestra nacionalidad y el legado de nuestros próceres. Necesitamos para ello seguir su ejemplo y descubrir los medios para lograr una conciencia ciudadana y social de cambio. De nada sirve la polémica sin la búsqueda de soluciones. De nada sirve la queja sin propuestas nuevas. De nada sirve la denuncia hueca de perspectiva. Necesitamos iniciativa de compromiso patriótico, de orgullo nacional bien entendido, de lucha personal en servicio del bien social. Somos todos ciudadanos de esta Patria, Argentinos de un presente convulsionado, que quiere rumbos diferentes y se pierde en la confusión de sus propias dudas y desatinos. Somos producto de aquel 25 de Mayo de 1810 pero también los responsables de los próximos, de aquellos que celebrarán nuestros hijos y nietos y sus respectivas descendencias. Tenemos responsabilidad en el destino de nuestra Patria, todos los ciudadanos y mucho más y principalmente, los Educadores. De nuestro grado de compromiso, responsabilidad y esfuerzo, depende la formación de niños y jóvenes que merecen un futuro claro, luminoso, despejado de dudas y luchas sin sentido. Ni guerras de armas ni de ideas. En Paz. Con justicia, respeto, solidaridad, empatía, libertad, seguridad, honestidad, valores insustituibles, irreemplazables y absolutamente necesarios para construir ese futuro anhelado.
Susan Capalbo

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