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LIMITESLos educadores enfrentamos en la actualidad la necesidad de un cambio para la superación de uno de los factores más obstaculizadores del accionar pedagógico y social en las instituciones: la falta de límites .

El Niño en aula, en el patio, en la clase especial de arte, educación física o matemática. El Niño en una salida pedagógica, un acto , un trabajo en equipo o un juego en el recreo. El Niño como centro y protagonista del hecho pedagógico generador de sus propios saberes, necesita conocer de límites, aprender a manejarse en un mundo donde socialmente debe interactuar con su par y por ende respetarlo y reconocerlo como un igual con los mismos derechos y obligaciones. Pero a la vez sabiendo adaptarse a las normas de convivencia, de “buenas costumbres” como solía decirse no hace tantos años.

Es que las épocas han traído cambios tan radicales en las corrientes psicopedagógicas y de costumbres familiares que en pocas décadas nos hemos ido a los extremos De una educación tradicional rígida que comenzaba en el seno familiar extremadamente rigurosa e intransigente y continuaba en la escuela absolutamente autoritaria e inflexible, a la permisividad absoluta y la falta de límites. Ambos extremos son nocivos para El Niño. Y se hace necesario encontrar un equilibrio. No todo estaba equivocado en la época anterior ni tampoco lo está ahora. Simplemente debemos rescatar de cada época lo mejor para así poder lograr ese equilibrio necesario para formar a las nuevas generaciones.

Hablar de valores, antes, era el día a día. Se transmitían de generación en generación espontáneamente, de padres a hijos en una línea ininterrumpida, como acerbo cultural familiar y social. Los niños, o los alumnos, no cuestionaban sí estaba bien o mal seguirlos, o cumplir las normas. Simplemente las aceptaban. Con pasividad. Y esto es lo que estaba mal. No se podía siquiera pensar diferente. Pero el concepto de seguir normas si estaba bien. Era necesario y lo sigue siendo. Las modas pasan, los valores perduran. Y la puesta de límites es tan necesaria como lo era antes y lo va a seguir siendo, sólo que los métodos deben ser otros, diferentes, inteligentes, no arbitrarios. Decir un “no” a tiempo, por doloroso que sea, puede prevenir un gran problema futuro: el choque con la realidad será muy grande si en el seno familiar todo es permitido sabiendo que la vida que deberá enfrentar el niño estará llena de negaciones, prohibiciones, obstáculos y límites. Porque ese mundo ideal donde todo es “si” y puedo hacer lo que quiero, como quiero, donde y cuándo quiero solamente porque se me ocurre, no existe. Y los educadores, padres y maestros, tenemos el deber moral de prepararlos para la vida por muy difícil que nos sea mostrarles que existe una realidad diferente a la que ellos ven.

Susan Capalbo

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