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En el mes de enero, durante un viaje inolvidable con amigos recorriendo Estados Unidos, tuve la oportunidad de quedarme unos días en una de las ciudades más soñadas del mundo: Nueva York. Aunque un vórtice polar trajo a la costa noreste el invierno más crudo desde 1896, una bufanda tejida en casa y un latte calentito en mano me ayudaron a resistir el viento y mimetizarme entre gente de todo el mundo y así, perdiéndome entre idiomas y dialectos extraños a mi oído, sentirme un lugareño más.
Uno de mis lugares favoritos de Manhattan es la Catedral de San Patricio, con la que uno se choca al caminar por la famosa Quinta Avenida. La fachada es impresionante, y para ver el final de la cúpula mayor hay que cruzarse de vereda. Al entrar, el mundo hace silencio en reverencia. El bullicio de la avenida, el ruido del tránsito, las voces de los tumultos, todo queda atrás de dos sólidas puertas de madera y bronce. Hoy en día el gobierno neoyorquino está restaurando la catedral, pero ni los andamios ni las telas pueden opacar la sensación de pequeñez al entrar.

Es imprescindible para mí, y hasta obligatorio, entrar a esta iglesia cuando visito Nueva York. Sentarme en un banco, mirar hacia el altar, y pensar… pedir… y dar gracias. Saliendo del salón principal hay velas y fósforos para prenderlas. Allí uno se desconecta de su alrededor y empieza a tratar de acordarse de todo y de todos; de lo bueno que nos pasó, y también de lo no tan bueno . Personalmente, habiendo recién comenzado el año, yo decidí prender una vela y pedir por toda mi familia, mis amigos y mi trabajo. El 2013 había sido un año fantástico y, después de agradecer por eso, no dudé en pedir que el 2014 sea aún mejor. Sin duda la imagen de San Patricio ya es familiar para mí, y no pude dejar de acordarme también de todos nosotros, las familias que conformamos al colegio, y de nuestro país.
Antes de irme firmé, como siempre, el libro de visitas; con la sorpresa de que ya no estaba el libraco antiguo, sino una pantalla LED táctil. Allí dejé mi nombre y un pedido especial, que hoy comparto humildemente, y extiendo mi deseo de que así se cumpla para toda la comunidad del colegio: “May we always be surrounded by peace, love, laughter, and amazing friends…filled with memories that are everlasting. Thank you, Lord!” // “Que siempre nos encontremos rodeados de paz, amor, risas y amistades maravillosas…. llenos de recuerdos que duren para siempre. ¡Gracias, Dios!”