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¿Quién fue realmente el Libertador José de San Martín y qué debemos rescatar de su lección de vida?

Inmerso en un tiempo de cambio signado por la lucha de las fuerzas liberales contra el absolutismo y la dependencia colonial, San Martín, luego de pasar casi toda la primera mitad de su vida en España, abandonó su carrera y su familia para ponerse al servicio de la independencia de la tierra en la que accidentalmente había nacido, mientras España había sucumbido a la invasión napoleónica, quedando como último reducto de la resistencia la ciudad de Cádiz en la que él se hallaba.

De vigorosa racionalidad y mentalidad universalista había adherido por su formación masónica a la causa de la autodeterminación de los pueblos y vio en América la Patria en la que era posible la realización de su ideal de libertad fraterna, mientras Europa sucumbía presa del despotismo. Por eso tomó la crucial y meditada decisión que puso una bisagra a su vida: se pasó de filas y sintiéndose “un instrumento de la justicia” puso su espada al servicio de la causa emancipadora que dio sentido a toda su existencia, convertida en una misión que llevó a cabo con una voluntad de hierro.

San Martín fue todo esfuerzo para suplir las más elementales carencias, fue generosidad a la hora de ofrendar su vida personal a la causa de la libertad de la Patria Americana, fue modestia porque huyó siempre de la pompa del poder, fue honestidad demostrada en cada uno de sus actos públicos, fue altruismo en todas sus donaciones, fue libertad siempre y fue unidad para reclamar que los argentinos sean capaces de vivir en paz.

El pensaba “en grande”, “en americano” e inevitablemente tuvo que enfrentar el localismo de cortas miras y las ambiciones personales, así como también debió luchar a brazo partido contra la desconfianza y la maledicencia que más de una vez pusieron en peligro la realización de su empresa. Su limpia y fría lógica en el orden de prioridades le hizo sacrificar a quienes lo rodeaban –su esposa, sus amigos de la logia, sus viejos camaradas del ejército de los Andes– hasta llegar a autoexcluirse para que su misión triunfara, porque nunca antepuso a ella su propio protagonismo.

Frente a la incomprensión de sus contemporáneos que vituperaron su nombre, se recluyó en un amargo silencio, soportando con entereza y templanza la soledad que precedió a su gloria. La imperturbable coherencia de su conducta, su espíritu tolerante, su condena de la lucha fratricida y su desapego al poder lo constituyen en un raro y poco imitado ejemplo, sobre todo en los tiempos que nos toca vivir.

Las palabras  mueven,  pero los ejemplos arrastran. Es indudable que la vida de  nuestro gran  prócer,  está llamada a sacudir a más de un corazón y a iluminar a más  de una inteligencia. Con debilidades y defectos nosotros , somos legítimos herederos de su lucha y su obra.Hoy, volvemos nuestra mirada al general José de San Martín para nutrirnos de sus convicciones y de su conducta . La gesta sanmartiniana nos recuerda que hubo argentinos que pudieron vencer todos los obstáculos y que, con coraje y con valor, con honradez e inteligencia, se puede servir a la patria dignamente.

 

Silvia D´espósito

Directora Nivel Secundario Castellano