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Iniciar el Ciclo lectivo es, para aquellos que amamos la docencia y abrazamos esta profesión con dedicación, responsabilidad y fe, como el comenzar un año nuevo. Es casi como que la vida estrena sus proyectos, anhelos, planes, objetivos, metas y acciones para todo un año y eso nos revitaliza, nos da energía y nos invita a caminar con la mirada puesta en nuestros alumnos…. Y con la seguridad que nos da el convencimiento de saber que nuestra misión… “es posible”.

Haber cumplimentado el inicio del ciclo lectivo en los tres niveles de la Institución: Inicial, Primario y Secundario, nos llena de orgullo. Nos recuerda aquellos primeros difíciles años… 1999, 2000, 2001… cuando el colegio estaba recién construyendo los cimientos de un futuro que hoy es nuestro presente y que se veía muy cercado por dificultades de toda índole… Años difíciles en los que fuimos marcando rumbo y presencia.

Nuestro orgullo se basaba en el no claudicar, el seguir renovando energías para la continuidad y construyendo puentes de vida entre nuestros alumnos y docentes, entre los padres y la Institución, preservándonos de los males que aquejaban en esos momentos a nuestro país. Y pudimos. Con determinación y coraje. Con convicción. Con responsabilidad y fieles a nuestro ideario.

Iniciamos, hoy, un año de trabajo en medio de graves problemáticas sociales. No importa el origen, las causales. Hoy preocupan las consecuencias, en un país dividido, lleno de desconfianza, donde la palabra “inseguridad” y “corrupción” son las protagonistas del día. Y en medio de todo ello… los niños, ávidos de aprender, de relacionarse, de crecer en libertad y merecedores de hacerlo con felicidad. Y qué decir de los adolescentes, quienes buscan los modelos a seguir, quienes necesitan patrones claros y confiables donde apoyar sus inseguridades y quienes merecen vivir y disfrutar de esa etapa de vida, también con felicidad, en paz.

Nuestra tarea es ya una obligación moral generacional. Nos toca vivir una difícil realidad que debemos enfrentar por el bienestar y la esperanza de un futuro digno para todos ellos. Somos éticamente responsables de su educación en el sentido global de la palabra. Somos inclaudicablemente artífices de su formación como personas de bien. Somos los conductores y constructores del trayecto de su escolaridad dando en cada paso un valor como estandarte de vida. Somos los responsables de una influencia que “toca sus vidas para siempre”. No podemos decepcionarlos. No debemos fallarles. Debemos ser su ejemplo, su modelo a seguir.

Dijo el Papa Francisco: “El Sol no se apaga de noche, se nos oculta por un tiempo por encontrarnos “al otro lado”, pero no deja de dar su luz y su calor. El docente es como el Sol. Muchos no ven su trabajo constante, porque sus miradas están en otras cosas, pero no deja de irradiar luz y calor a los educandos, aunque únicamente sabrán apreciarlo aquellos que se dignen “girarse” hacia su influjo. “

Seamos El Sol para nuestros niños y jóvenes… y la luz que conduzca su paso, con el orgullo de poblar nuestras aulas de Esperanza en cada uno de ellos, profundo en su corazón.

 

Susan Capalbo

Principal

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